Capítulo IV
 
 
Pero, veamos, cómo el gran libro rojo puede titularse así?... Es imposible!...dijo Karencita.
 
Waldo levantó los hombros, fatalista y resignado:
 
- TODO lo que nos pasa desde que cruzamos ese maldito túnel es imposible!... Dijo. Y por tanto, lo vivimos!... Pero... Oh, observa, algo se  removió, allí, en este arbusto!... No te muevas, voy a ver!...
 
En unos rápidos pasos, Waldo,  con su fusta de combate de puta madre en  mano, alcanzó el bosquecillo; una forma humana se levantó  ante él. Humana y femenina, femenina y desnuda como la madre Eva así como lo pretenda la Biblia. Y con una sonrisa dada a todos los santos del paraíso...la maravillosa aparición dice tranquilamente:
 
- Pero... Soy yo!...
 
Esta corta frase, Waldo tuvo la impresión que le llegaba de tres lados a la vez: ante él, natural, y también en su espalda y sobre su izquierda. Sin embargo, esta particularidad no era nada comparada con la otra,
ya que la bonita figura desnuda que estaba allí sonriendo, era Dulcinea. DULCINEA!...
 
¿- Y  bien, no me reconoces ya, mi amor? Dijo Dulci, con el aire un poco apenado.
 
Lentamente, muy lentamente, con la espina repentinamente mojada de un sudor helado, Waldo se dio la vuelta. Detrás de  él, con la misma expresión inquieta, vio... a Dulcinea. Apareciendo entonces de
detrás de un árbol venerable, ligeramente en retirada, otra Dulcinea siguió:
 
- Que pasa mi amor?... No habrás sido de nuevo picado por un mosquito de los abismos, espero?...
 
El pintamonitos hizo un juramento muy bajo - y no puedo escribir eso, sería demasiado grosero -, en un segundo, comprendió la hilaridad del genio Santi cuando expresaba su tres deseos. (si no os acordáis, releed el episodio anterior) él formulaba tres veces la misma cosa, y acababa de concedérsele... Con una sincronía perfecta de gestos y voz, las tres muchachas desnudas, las tres Dulcineas absolutamente idénticas se lanzaron a su cuello protestando:
 
- Waldo mi amor!... Tengo miedo, ¿Que es lo que pasa?...
 
El Impitoyable hizo un salto hacia atrás para evitar el asalto de las tres jóvenes mujeres y batió al  aire de su fusta (de puta madre.)
 
- Karen, dijo, halelante, dónde estás?...
- Pero... Aquí, ante ti, mi amor!... Lanzaron las tres Dulci en un riguroso conjunto.
 
¡- BASTA! estalló Waldo con una voz de trueno, debo reflexionar un momento, no os acerquéis!... De rodillas, allí, inmediatamente, manos sobre la cabeza, y no os mováis, y no habléis!...
 
¡- Pero cariño, está loco! Gritó el coro de Karenes.
 
Waldo tomó una profunda inspiración. Desobediencia, falta de respeto, una sanción se imponía. Que hubiera una o tres pares de nalgas que castigar no cambiaba nada, y esta abundancia de redondeces le
pareció incluso un elemento más bien atractivo... Hizo un gesto imperioso de su fusta, y las tres jóvenes mujeres se arrodillaron en la hierba, cruzando dócilmente las manos sobre sus pelos rubios. Retomando un poco la  calma, el perverso dibujante examinó a las tres muchachas. Eran  absolutamente similares, e incluso los rastros de la terrible flagelación que había sufrido Dulcinea estaban reproducidas de forma idéntica sobre sus grupas. Pasó un dedo suavemente sobre las marcas que adornaban las tres partes posteriores, y no pudo encontrar ninguna diferencia. Fue a sentarse sobre el banco que había dejado vacante la señorita Marchmont y buscó maquinalmente en su bolsillo  los cigarrillos. "Es verdad, gruñó, el
cuervo-estafador me robó los últimos..." Que pena!, me habría ayudado a concentrarme.""
Repentinamente, una música tocada a la guitarra llena el claro, al mismo tiempo que un arco iris sobre ésta desplegaba la suntuosa paleta de sus colores. Un arco iris en plena noche, eso no es corriente, pero  merece verse. Si un día tienen la ocasión, no se lo pierdan. 
 
Una maravillosa criatura surge de la sombra, moldeada en un vestido de volantes con chatoyantes matices, aureolada de un polvo de estrellas y seguida por tres mariachis bigotudos que llevaban sus sombreros de esparto, amplios como ruedas de camión. Se avanzaba, sonriendo, hacia Waldo, ondulando  las caderas, llevando una cesta de ratán trenzada llenada de paquetes de Ducados.


 
¡- Hola, Don Impitoyable! Dijo, soy Arco, la pequeña vendedora de cigarrillos... tengo de qué alimentar su cáncer de pulmón!... Tome los que quiera, para usted, son gratuitos!...
 
- Es muy amable de tu parte!, gruñó Waldo con mal humor, pídele a  tus mariachis que nos toquen "EL Degüello", eso será aún más circunstancial!...

Inmediatamente, los músicos tocaron EL Degüello. La magnífica y terrible melodía de muerte contrastaba de manera sorprendente con la risa clara y juvenil de Arco, que giraba en torno al banco sobre el
cual Waldo se sentaba, haciendo volar su vestido amplio y ligero.
Aprovechando  uno de los pasos de la encantadora cigarrera ante él, Waldo tomó al vuelo un paquete de Ducados, y se puso uno entre los labios. Arco, sin dejar de reír y bailar, sacó de no sabe dónde
un gran fósforo; levantando su vestido, raspó el palillo bajo su muslo enfundado de seda negra y encendió el cigarrillo del pintamonitos. Éste extrajo un voluptuoso soplo. Murmuró sonriendo:
"gracias, pequeña Arco..."
 
- Están castigadas, estas tres muchachas desnudas?... preguntó la cigarrera. Se ve que recibieron una azotaina. Y muy severa, se diría!... Es ustedes quien hizo  eso,  Sr. Raton?...
 
- ¿Cómo que tres muchachas?... Dónde están las otras dos?... Lanzaron al mismo tiempo las Dulcineas.
 
Waldo reflexionaba tanto  que un ligero humo se escapó de sus orejas. Razonaba de la siguiente forma: Dos de las "Dulcis" fueron creadas por el genio  Santi (a quien aprovecho para saludar, en su nuevo traje rojo hecho por el talentoso David, quien saludo también... Fin del mensaje personal). Se ajustaban rigurosamente al original, eran clones perfectos. Su espíritu también era similar, pensaban, hablaban, actuaban en paralelo y al mismo segundo. Sólo que no se veían entre ellas… La verdadera Dulcinea no podía percibir sus clones. De ahí su sorpresa y esta reflexión: “¿Dónde están las otras dos? ”. ¡Pero, como siempre, habían hablado en coro, y Waldo se preguntaba con angustia cómo iba a hacer para encontrar a la única verdadera a Karen! … Contó en dos palabras la historia a Arco, quien respondió tranquilamente:
 
¡- Es simple, Don Impi! ¡Puesto que son similares con el más mínimo detalle, les basta que mate dos, y todo será como  antes! …
¡- Ni hablar! Se indignó Waldo. En primer lugar, no podría matar a sangre fría dos muchachas que son el retrato exacto de la mujer que adoro. ¡Y a continuación, no sabré nunca si mato a la Karen original y no lo soportaría! …
¡- Entonces, suspiró Arco, no sé cómo va a resolverlo, mi pobre pintamonitos! … Quédese con  las tres… Por supuesto, será más cansado para los castigos: ¡para una única falta, tres muchachas a azotar! …
- Por el momento, sonrió Waldo, tengo cuatro, contigo…
¿- Yo? … ¿Dijo  falsamente asombrada la cigarrera, le  busco soluciones y quiere pegarme? … ¡No es amable, Sr. Rattan! …
 
Dado que las provocaciones eran más que suficientes, Waldo tomó a la joven  por un brazo y la hizo caer sobre sus rodillas. La cesta se volcó, y los paquetes de Ducados se dispersaron sobre el césped. Waldo colocó prestamente a la joven que protestaba:
 
¡- Es muy malo! … ¡Tienen razón de llamarle  Impitoyable (Despiadado)! …
 
La pequeña braga de Arco se  deslizó a lo largo de sus muslos, revelando nalgas de reina.
 
¡sólo tú me llamas así! ¡Tronó Waldo, pero voy a intentar justificar el apodo que das! …
 
Las primeras nalgadas resonaron sobre el posterior rebotado. Waldo azotaba con una energía multiplicada por su estado de tensión. Arco se puso a mover las piernas e hizo ademán de llorar, pero cuando se es despiadado, no se es deja uno apiadarse y Waldo redobló de esfuerzos. La grupa de la pequeña  cigarrera  tomaba un bonito color rojo oscuro, y, en el claro,  la temperatura  subía un grado.
 
 Siempre en fila y de rodillas y manos sobre la cabeza, las tres Karencitas cantaban a coro: ¡Leroooooo! … ¡Leroooooooooo! … ¡LEROOOOOOOO! … Acallando  EL Degüello que los mariachis seguían cantando, un poco trastornados. Después de un momento de discusión para llegar a un acuerdo, decidieron tocar La Cucaracha, más en consonancia con la azotaina que recibía Arco, y que no parecía terminar nunca.
 
Y por tanto acabó, pero había sido una linda azotaina. Con el  trasero  bien acariciado, una bruma de calor subía en ligeras volutas. Algunas lágrimas que gotean a en sus pestañas, Arco se reculotta ( volver a poner las bragas) - después de que el perverso dibujante le hubiera dado permiso - y murmuró con un tono enfurruñado:
 
- Y a esas tres, allí… ¿No iba usted a corregirlas, cuándo yo llegue? … 
 
Riéndose abiertamente, Waldo tomó a la pequeña cigarrera en sus brazos y le dio sobre la mejilla un beso sonoro:
 
¡- En efecto, pequeña ! … Y  tu querrías  ver eso, ¿verdad? … Te lo voy a conceder  en un momento… Pero me duele mucho la mano. ¿Es que tienes un trasero  de madera, de acero? ¿de mármol? … ¿Un trasero que rompe  los cepillos del pelo? … Veamos, voy a tomar mi fusta…
 
Al oír estas palabras, las tres Karenes en penitencia se habían puesto a temblar ligeramente; y dijeron:
 
- La fusta no, por favor, mi amor… Mis nalgas están muy doloridas…
- Será un pequeño golpe simbólico, mi amor, dice tiernamente el Impitoyable. Pero debo hacerlo, lo merece usted
¿- Por qué me tratas de usted, ahora? Preguntó Karencita.
-Te lo diré más tarde, dijo Waldo con un tono seco. Inclínate hacia delante, quiero ver ese trasero bien ofrecido.
¡- Leroooooooooo! ¡LEROOOOOOOOOOOOOOOO!!! … Gritó Arco haciendo palmas como un niña; inmediatamente, los mariachis cantaron a coro: ¡LEROOOOOO! ¡LEROOOOOO! … Y lanzaron por los aires sus amplios sombreros que recuperaban con gran maestría.
 
Y el fusta negra de puta madre tío , larga, fina y aguda, rayó de  púrpura  las nalgas de la primera Dulci. Un aullido de dolor hizo temblar a la pequeña cigarrera ; Él mismo Waldo no se esperaba la expresión de tal sufrimiento, él que proporcionaba generalmente sus golpes de experto. Pero se esperaba menos aún  lo que siguió…
 
La Dulci azotada había dado literalmente un salto que la levantó del suelo  al menos cincuenta centímetros; sus dos manos se crisparon sobre su trasero , su larga cabellera electrificada se encendió y un terrible olor de cerdo quemado llenó el aire. El grito murió en un asqueroso  ruido de tripas. El cuerpo desnudo del Dulci  se hinchó como un globo, sus nalgas cebradas se volvieron enormes y deformes, sus brazos y sus piernas se agitaron en todos los sentidos, se alargaban, estrechaban; la “cosa” - ya que eso no podía ser una criatura del buen Dios -  voló hacia el cielo oscuro, dio  algunas vueltas sobre sí misma, y volvió de nuevo aplastarse en la hierba con un ruido repugnante, casi a los pies de Waldo, que se había quedado blanco, y vacilaba entre encender un cigarrillo o vomitar. Eligió el Ducados. 
 
La pequeña vendedora de cánceres, horrorizada, se había refugiado en los brazos del pintamonitos, y los mariachis, que se habían acercado para asistir al acontecimiento, por fin habían dejado de tocar.  Dulci, aún agitada con algunos sobresaltos, no tenía ya forma humana; no era más que un charco de carne verdoso y líquido,  que la tierra absorbió hasta que no quedó nada.
¡“Caramba! ¡” juró débilmente Waldo (que se hizo la promesa de aprender fórmulas más percucientes en español, contando para eso con la ayuda de SS) Estoy salvado! … ¡Estamos salvados,mi  amada, mi amor, mi vida, mi Dulcinea! …
 
¡- Quisiera comprender! … exclamaron los dos Karenes restantes.
 
La cara del Impitoyable , tenía de nuevo colores, y una pálida sonrisa se dibujaba en ella. Se deshizo amablemente de la presión que le ejercía la  asustada Arco, y dio algunos pasos, poniéndose frente a Dulci. Dijo con una voz aliviada:
 
¡- Agradecido sea el buen genio de la lata de cerveza! … Cuando hice tontamente  los tres deseos, perturbado por el veneno del mosquito de los abismos, se dio cuenta de las consecuencias deplorables que iban a derivarse, y lanzó un encantamiento sobre mi fusta, dándole el poder de destruir los clones que había creado, permitiéndome distinguirte de tus copias…  ¿Comprendes, mi adorada? …
 
¡- No! ¡Nada en absoluto! … ¡Gritó  Karencita con irritación, y estoy hasta el moño de estar de  rodillas y me levanto, y tengo cada vez más dolor las nalgas, y si me amas un poco, moderarás tus golpes de fusta! …
 
Las dos Karenes se levantaron, hicieron flexiones extraordinariamente sincrónicos, y miraron al pintamonitos con una evidente expresión de reproche. Lo que preocupaba más a nuestro dibujante de dibujos poco convenientes, era tratar con dos mujeres que sólo formaban una, pero que eran físicamente dos…
 
Waldo se frotó la base de la nariz. Comprendía perfectamente la reacción de Dulcikaren, pero para que se realizara su liberación del sortilegio, era necesario emplear una vez más la fusta de… (Como diría Don Angel). Suspiró:
 
- Lo siento mi amor. Inclínate, las manos en las rodillas, las nalgas bien tensas. Vas a recibir un buen golpe del fusta negra, y se terminará por fin todo. Obedece, es una orden, y es para nuestro bien. 
 
Con muy mala gana, Karen y su copia se colocaron en la posición exigida. Waldo tomó su impulso y otorgó un buen golpe al primero de los posteriores…
 
¡- BRUUUUUUUUTOOOOOOOOOOOOOO! … Gritó a Karen.
 
Pero no pasó nada… Simplemente, las dos muchachas bailaban in situ frotándose las nalgas. Waldo dejó escapar un grito de alegría: ¡eso significaba que había azotado a la VERDADERA Dulci, puesto que la transformación no se había producido! … Vivamente, trae a la auténtica Karen por una muñeca y la lanzó los brazos de Arco, rodeada de sus músicos:
 
¡- Tenla cerca ti, pequeña Arco! … ¡Voy a ocuparme de la  otra! …
 
Alocada, karen, miraba a Waldo con angustia, persuadida de que de nuevo estaba   perturbado por algún nuevo sortilegio. Arco la controlaba con dificultad, y usó una amenaza:
 
- Si no te quedas quieta, te hago azotar por mis mariachis…
 
La verdadera Karen que no se movía ya, su doble también se había inmovilizado, mirando a  Waldo con ojos horrorizados. Socarronamente, el perverso dibujante operó un movimiento alrededor de Dulci. Olvidando que su amada iba a experimentar también el golpe, cortó salvajemente la fusta negra a través del posterior mágico. El doble grito de dolor fue más terrible aún que los precedentes, pero esta vez, la terrible metamorfosis, la agonía del clon se produjo. En pocos momentos, la infernal criatura había desaparecido para siempre. Un silencio pesado cayó sobre el pequeño claro, solamente perturbado por los llantos de Dulcinea.
 
Waldo tomó su amada en sus brazos y le acarició el cabello.
 
- Ya pasó, seca tus lágrimas, dijo suavemente. Triunfamos en esta nueva prueba.
-¡No entiendo nada! … ¡Lloriqueó  Ducinea, excepto que me has puesto las nalgas como una hamburguesa! …
 
Arco había recuperado su cesta de rattán, y sacó un frasco lleno de un líquido verde:
 
- Esto va a aliviar tus dolores, dice.
 
Presionó el frasco y vaporizó la parte posterior de Dulci que lanzó un pequeño grito de sorpresa.  las marcas debidas a los terribles azotes sucesivos desaparecieron íntegramente en algunos segundos.
 
¡- Extraordinario! ¡Exclamó Waldo, no se ve ya nada! … ¡Se podría empezar a castigar estas nalgas nuevecitas! …
¡- Ja ja! … ¡No se prive de ello Don Impi! … exclamó Arco divertida.
 
Waldo reprimió una sonrisa…
 
¡- Eres tú quien merecería que te nalgueara de nuevo, para enseñarte a ponerme todos estos motes! … Pero tanto nos has ayudado que debo perdonarte. Si pudieras también sacar de tu cesta mágica con  que cubrir la desnudez de Dulcinea, sería mejor aún…
 
- Aaaaaaaaaah  de eso no tengo dijo la cigarrera, pero veamos qué arreglo con mis mariachis… ¡Pedro, da tu pantalones! …
 
Protestando  un poco, Pedro dio sus pantalones. El segundo mariachi, que se llamaba Luis, ofreció su camisa, y el tercero, Juan, tendió su sombrero. Divertido Waldo, ayudó a Karen a vestirse  con ese traje demasiado grande  para ella, y cuando se dio la vuelta para agradecer aún  a Arco y sus mariachis, el claro estaba desértico. _ todo lo que quedaba del paso  de la pequeña cigarrera , era una  pila de  paquetes de  cigarrillos cuidadosamente ordenados sobre el  viejo banco de  madera de la  señorita Marchmont…
 
Continuará…
 
Novela : Waldo: waldograff@yahoo.fr

Dibujos: David: mimbreverdhe@yahoo.es

                       

Capítulo1

Capítulo2

Capítulo3

Capítulo 4

Capítulo 5

 

        

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