Texto escrito por Waldo                   

                        ROISSY
 
 
        Roissy-Charles de Gaulle. Aeropuerto monstruoso de vidrio y acero, frío como la muerte, y con todo hormigueante de vidas humanas. Jacques Brel describió bien a “Orly el domingo”; es la separación, la desesperación, el horror de la vida que machaca la existencia de los que se quieren. Pero aquí, en medio de esta muchedumbre, en el guirigay reflejado por estas estructuras de catedral pagana, yo vivía el momento opuesto: el de los reencuentros… Irritado, impaciente a pesar mío, buscaba en el vaiven de esta manada la pequeña silueta frágil de pelo rubio, sin quien mi corazón no latiría ya.
 
        - Buenas tardes…
 
        ¡Señor! ¡… esa voz, esta manera inimitable de pronunciar esa palabra banal! … Me sobresalté; ¡buscaba a Karen, pero fué Karen quien me encontró ! … No respondí, la tomé en mis brazos, oculté mi cara en su cuello, en su perfume, la apreté contra mi como un náufrago se cuelga a una boya milagrosa.
Tomé su gran maleta roja que pesa siempre tres toneladas, y la llevé hacia la salida, empujando sin vergüenza a toda la gente que nos suponía un obstáculo. “El taxi espera”,dije.
 
        Estaba oscuro en el coche. Las farolas que balizan la carretera nos encendían espasmódicamente. Miraba a Karen, que me miraba también, con su maravillosa sonrisa. Abrió su abrigo de lana negra, hacía calor en el taxi. Llevaba un grueso jérsey y  un Jean de terciopelo. Sé que hacía frío en Madrid como aquí, pero habría preferido que se hubiese puesto una falda. Me incliné sobre ella, nuestros labios se rozaron, coloqué mi mano sobre su muslo, remontando lentamente hacia su vientre.
 
        ¡- Hay tráfico, esta noche! Dijo el taxista con un terrible acento parisino.
 
        En voz muy bajita, murmuré: ¡“Mejor! …”   Y mi beso se hizo más profundo. Mi otra mano remontaba  la espalda de Karen, bajo su yérsey; su piel desnuda y cálida me electrificó. Suavemente, a tientas, ataqué el zip de su Jean. ¡Apretado, demasiado apretado, este Jean! … Y la posición sentada no favorecía mis intenciones. Ella se sacudió con  una risa silenciosa, silenciosa pero inmensa… Silbé en su oreja:
 
        ¿- Y eso te hace reír? … ¡Espera que  hayamos llegado, vas a ver tus nalgas! …
 
       Eso la hizo reír más, la cabeza apoyada sobre respaldo del asiento… Luego volvió a caer a continuación, sobre mi hombro, y su mano se situó entre mis piernas, venciendo allí donde yo había fallado. Ciertamente, mis pantalones eran menos apretados que el suyo… El conductor seguía comentando los embotellamientos, la política laxa del Gobierno Chirac hacia los extranjeros, la estupidez de George Bush y las leyes antitabaco. Aprovechó para indicar que, si quería, podía fumar en su taxi, porque él mismo era fumador, y que tenía ganas de fumar...
Ahora, era la cara de Karen que pesaba sobre mi vientre. Con un tono que quería que sonara natural, dije al taxista:
 
        - Adelante, mi viejo. Mi mujer también es fumadora. ¿Verdad cariño? …
 
        Volvió a salir en su risa silenciosa, pero las sacudidas causadas por su hilaridad me traían inexorablemente hacia el séptimo cielo.
 

 
 Texto escrito por Karen  
 
Roissy..!Cuánto encanto encierran esas palabras! !Cuánto misterio! Y sin embargo, Roissy no es nada.  Sólo es un aeropuerto  
Normalmente los vuelos internacionales van a Orly, no a Roissy. Pero esta vez, mi avión iba a Roissy.
Durante el vuelo, que se me hizo cortísimo, no paraba de pensar en aquello.
En realidad el mítico castillo de Roissy que había servido para el entrenamiento de O, no existe, es leyenda.. Pero eso no impedía que mi imaginación se echara a volar...
Estaba cansada, había tenido un día bastante loco, como siempre, y con las prisas casi pierdo el avión, también como siempre...
Una vez en el asiento, apoyé mi cabeza en el respaldo, y dejé mi imaginación volar..
Veía a Waldo salir del brumoso parque de Roissy, buscándome entre la niebla. Yo iba vestida con un vestido vaporoso blanco, y Waldo me encontraba en el bosque, y en brazos me llevaba al castillo de Roissy..
Debí de quedarme dormida con esas visiones, porque me sobresaltó la voz del piloto que anunciaba que estábamos llegando y que nos abrochásemos los cinturones de seguridad.........
Hacía muchísimo frío en París. Mucho más que en Madrid.
Yo se que a Waldo le habría gustado que me pusiera falda corta, pero estaba congelada, y preferí elegir para el viaje un pantalón vaquero y un grueso yérsey..
Salí disparada hacia la cinta transportadora de maletas.. No sé por qué siempre creo que la voy a perder, que no va a salir del avión o que se ha ido en otro avión, pero al final, más tarde o más temprano aparece..
Agarré la maleta por el asa, y rodando (tiene ruedas) casi patiné por los inmensos pasillos de suelo esmaltado del gigantesco aeropuerto hacia la salida.. Hacia el encuentro con mi amor..

Texto escrito por Waldo  
       
                                   PRIMERA NOCHE  EN EL HOTEL
 
 
        Llegados al Jorge V, fuimos inmediatamente recibidos por el personal; la maleta de Karen fue secuestrada por un groom, el recepcionista me facilitó los trámites de inscripción, y un encantador joven nos condujo a nuestra habitación. ¡Y qué habitación! … Pedí que nos subieran una consumición; encargué un Jack Daniel' s, y para Karen un ice tea.
 
        Me lancé sobre la inmensa cama esponjosa, arrastrando a mi pequeño amor en mi caída; la cubrí con pequeños besos, la inmovilicé bajo el peso de mi cuerpo, y la crucifiqué, apretando en mis manos sus finas muñecas. Silbé en su mejilla:
 
        - Sabes que va a ser necesario que te castigue, mi amor…
        ¿- A mí? … ¡Porqué, ! … ¡No he hecho nada! …
        No me gustó tu risa en el taxi… te burlaste de mí…
        ¿- Yo? ¡Nunca, mi amor, yo no haría algo así! …
        ¡- Mientes! … ¡Y no olvido que me comparaste a King-Kong en el club! …
        ¿- Era para reír, mi amor, no vas a castigarme por eso, no? …
        ¡- Oh, si,tenlo por seguro! … Y luego, voy a castigarte porque me apetece, simplemente…
        ¡- ES INJUSTO! …
        ¡Creo que sí, mi amor! …
Vivamente, la volteé sobre el vientre y comencé a azotarle las nalgas sobre el Jean, pero llamaron a la puerta… Karen se escapó riéndose, con una risa que me prometí hacerle lamentar, y yo dije " Adelante". El camarero era joven, bastante guapo, y seguramente Paquistaní. Colocó la bandeja con las bebidas y pequeños sandwiches sobre la mesa baja del salón.
 
        Mientras que sorbía  mi bourbon, instalado en el profundo sillón, Karen pasó al cuarto de baño. Cuando salió, llevaba un nuisette de velo negro, medias negras sin ligas, y pequeña braguita tan negra como  el resto de su ornamento. Sus senos estaban desnudos bajo los ligeros tejidos. Me levanté y la tomé en mis brazos. Mis manos febriles arrugaron el nuisette que rallaba ligeramente contra su piel. Las puntas de sus senos estaban tan duras que las sentía a través de mi camisa. Ella sugirió tranquilamente que me pusiera cómodo, y comenzó a desabrochar mi cinturón.Me quité la camisa cuyo botón saltó con la prisa que ponía para quitarme la prenda . Karen me había bajado los pantalones y hacía ahora deslizar mis calzoncillos. Me encontré desnudo como un gusano, excepto los calcetines…
 
        Me senté sobre el borde de la cama y atraje a mi pequeña amada por la muñeca; no tuve que comunicarle mis intenciones, se tumbó dócilmente a través de mis muslos. ¡Su piel desnuda contra mi piel desnuda, su vientre sobre mi vientre, no me permitieron azotarla como pensaba hacerlo! … Una quincena de nalgadas a pesar de todo pusieron un poco de color entre el encaje negro del nuisette y la braguita enrollada bajo la parte baja de sus nalgas.  luego la lancé sobre la cama, arranqué su braguita que se desgarró con un pequeño ruido seco. Sus muslos se abrieron para acogerme. Sentí bajo mi sexo el aterciopelado de su pubis cuidadosamente afeitado, me inserté en un verdadero volcán que fluía de lava. Mi boca sobre su boca, murmuré:
me vuelves loco, eres una diablesa… Una muchacha del infierno… Mañana, te castigaré por eso también… Severamente, te aviso…
 
        No respondió, la cabeza echada hacia atrás , la gran boca abierta, su cuerpo sacudido por un terrible espasmo, y gritó, mucho,  y más aún, y una vez más. Espero que las habitaciones del Jorge V estén correctamente insonorizadas.
 
 

 Texto escrito por Karen

  

Me quedé maravillada con el hotel. Sus suelos brillantes de mármol blancos y crudos, su decoración años 20, las estatuas blancas que pueblan todos los rincones, las cortinas pesadas enganchadas en lazo por un cordón, las lámparas de araña........ No, definitivamente, el Jorge V, no tenía nada que ver con las visiones que en el avión yo había tenido del bosque brumoso y el castillo de Roissy.
Yo quería cambiarme de ropa. Me molestaban los pantalones. Quería ponerme guapa para Waldo.
Le había echado tanto de menos estos dos meses de ausencia!!
!Tenía tantas ganas de retozar en sus brazos!!
Recuerdo que Waldo me tiró sobre la cama y se echó encima de mí, y me amenazó con castigarme por el simple hecho de que le apetecía y le venía en gana. Era simplemente injusto!! Yo no tenía ganas de castigos en esos momentos. !Hacía dos meses que no le veía, y casi le violo en el taxi de camino al hotel!! ¿Es que no podía dejar los castigos para después?
Además estaba preocupada. ¿Y si nos oían?
Afortunadamente llamaron a la puerta.
Waldo había llamado al bar para que nos subieran unas bebidas y algo de picar.
Aproveché el momento para meterme en el cuarto de baño.
Una inmensa bañera blanca encastrada, con inmensos espejos todo alrededor..
!Qué gusto de cuarto de baño!! ..
Me duché, me perfumé y me puse un conjunto de gasa negra transparente de tirantes, muy escotado y muy corto, con las braguitas a juego, y medias negras, y mis zapatos negros de tacón de aguja.. Me maquillé, y adoptando un aire de mujer fatal, salí a la habitación.
Cuando Waldo me vio salir se echó casi sobre mí , me desgarró el conjunto negro, y fundimos en un fuego de pasión que nos abrasó durante horas...........

Texto escrito por Waldo  
                                               SÁBADO
 
        Cuando me he despertado, el cabello de Karen se enganchaba en mi barba naciente. Dormía sobre el lado, sus nalgas contra mi vientre. Las acaricié suavemente. Gimió un poco. Trajo su brazo detrás ella y sentí su pequeña mano que se volvía a cerrar sobre mi rigidez matinal.
 
        ¿- Quién te permitió este gesto impúdico, muchacha de Satanás? …
        - Mmmh… Mmmmh… gimió.
        - No olvides que estás castigada, hoy. ¡Todo el día! …
 
        Me retiré con pesar de esta suave presión, pues tenía otros proyectos… Pasé al cuarto de baño me puse un esponjoso albornoz puesto a  nuestra disposición por el hotel. Encargué un desayuno copioso: croissant y bollos de leche, tostadas, mermelada, café. Fue  una joven camarera quien lo trajo.
 
         Ella se levantó y quiso también ponerse un albornoz, pero se lo prohibí:
 
        - No. Vas a seguir estando desnuda, quiero verte desnuda. ¿Hace calor aquí, no? … ¡Y no protestes, estás castigada! … Se sancionará toda desobediencia con rigor, te lo aviso.
 
        Era un encantador espectáculo…  las migas de croissant  caían sobre los senos y sobre los muslos…
¿- No tienes más hambre? Bien… Ven aquí, gatita, ven a sentarte sobre mis rodillas.
 
        Le di un beso.
 
        - Ahora, va a recibir tu primera azotaina. A continuación, iremos a dar una vuelta… ¡Ts ts! … ¡Ni  una palabra! … Ve a mi maleta, toma el martinet y me lo traes 
        En la maleta,estaba también el paddle Xesc, y una nueva vara de ratán que acabo de fabricar. Vi su expresión descubriendo estos instrumentos… Mmmh… ¡Deliciosa!
        Sobre la gran cama, amontoné almohadas e hice tumbarse  a Karen en ellas  arriba, con la parte posterior bien sobreelevada. Ocultó su cara en sus brazos, presta para el voluptuoso sacrificio… Tras contar las nalgadas que administraba a su trasero, le hice este discurso:
 
        - Mi querida, cinco, seis… Me parece que tu obediencia desciende mucho. Ocho, nueve, diez… Toda tu educación debe rehacerse, quince, dieciséis, diecisiete… Las azotainas no bastan, veinte, veintiuno… Necesitas una buena humillación, que experimentar un poco de vergüenza, veintisiete, veintiocho… Para reducirte cuanto más humildad y menos impertinencia, veintinueve… Acuérdate bien de lo que pasa, ya que deberás contarlo públicamente a todos nuestros amigos del club… Treinta… treinta y dos, treinta y tres… Vamos a salir, te vestirás con el uniforme de colegiala, treinta y ocho… Y a la menor equivocación , cuarenta y dos… te bajo las bragas y te azoto, cuarenta y cinco… Que haya gente alrededor o no!. Cincuenta… Te ahorro el rincón por esta vez. ¡Va a vestirte! …
 
        Sabía que habría preferido vestirse de “mujer”, pero fui intransigente. Salimos , tomamos el metro. Aunque llevara su abrigo negro que era más largo que su faldita escocesa, sentía que estaba molesta subiendo las escaleras con gente detrás ella… Paseamos un poco en
St. Germain des Prés hacía mucho frío, y la llevé beber un chocolate en una cafetería. Nos instalamos en una mesa y dije:
- Levante tu falda para sentarte. Quiero que pongas tus nalgas directamente sobre la silla.
        ¡- Está loco, mi amor! … Todo el mundo va a ver…
        - Bien, tu lo has querido.
 
        Esperé que el muchacho nos sirva, arrastré a Karen a los aseos, al sótano del café. La hice tenerse en un ángulo del pasillo y saqué de mi bolsillo la pequeña cámara digital que siempre me acompaña. Hice una fotografía… Un ruido de descarga de agua. Un tipo salió de los aseos y subió a la sala. Nos miró  extrañamente cuando pasó… Pedí a Karen que se quitara las bragas; enrojeció,  pero obedeció. Puse la pequeña braga en mi bolsillo, doblé a mi querida bajo mi brazo y allí, en el pasillo, a riesgo que alguien nos sorprenda, le di una decena de buenas nalgadas sobre las nalgas… Volvimos a  nuestra mesa, y Karen contrariada, levantó rápidamente su faldita para colocar su trasero desnudo y caliente sobre la silla. Hablamos de varias cosas, como si no había pasado nada…
 
       Tomamos el metro hasta Montparnasse y se comimos  en “ La Coupole”, una famosa brasería que había frecuentado mucho en mi juventud, después de Modigliani y tanto de otros artistas…
 
        - Mi amor… Por favor, deja que me vuelva a poner las bragas…
        ¿- Por qué?
        ¡- Tengo frío! …
        - De acuerdo, pero tendrás una azotaina suplementaria con la vara cuando volvamos . Eso te calentará.
 
        Saqué los ligeros tejidos blancos de mi bolsillo, y él se los  tendí ostensiblemente sobre la mesa… Rápidamente ocultó la prenda en su bolso, pero creo que nuestros vecinos de mesa comprendieron… Fue a los aseos.
Aún paseamos sobre los grandes bulevares, cogiéndonos por la mano como todos los  enamorados del mundo, y  volvimos al Jorge V, hacia 17h15, cuando el día declinaba.
 
        Tomé a mi pequeña querida en mis brazos, la abracé, acaricié su cabello. Estaba muy guapa y me  gustaba un poco más a cada segundo y le confesé este amor. Muy tiernamente, dije:
 
        - La vara, será para más tarde. Pero por el momento, mi colegiala rebelde va a recibir una verdadera azotaina de colegiala… 
 
        Llevé una silla al centro de la habitación donde me senté. Sin tener en cuenta su aire enfurruñado, hice señal a Karen de venir sobre mis rodillas, lo que hizo arrastrando un poco los pies… Levanté tranquilamente la falda escocesa, y descendí su braguita, revelando una parte posterior que ni siquiera tenía ya rastros de la corrección al martinet de la mañana. Y comencé la azotaina manual, azotando alternativamente una nalga y otra, a veces en el centro , sin prisa, pero bastante fuerte. De vez en cuando, acariciaba esta parte inferior adorada, cada vez más caliente, cada vez más coloreada, y mis dedos se extraviaban indiscretamente en el surco , y más abajo, en la suavidad inquietante de su entrepierna. Luego reanudaba el castigo. Al cabo de varios minutos, puse término a esta azotaina y envié a Karen al rincón , frente a la pared, manos sobre la cabeza.
 
       Me ausento un momento. ¿No te muevas , hein? Quiero verte así cuando vuelva.
 
        Salí, pero no me moví del pasillo. Entreabrí silenciosamente la puerta, supervisando a mi  penitente… Guardaba la posición, pero frotaba de vez en cuando sus nalgas rojas … Esperé uno de estos momentos para volver a entrar ruidosamente:
 
        ¿- Ah, Así es como obedeces? ¡… esta vez, pequeña, vas a saber lo que es que una verdadera azotaina! …
 
        La puse sobre la cama, de rodillas y la apoyé en los codos, las nalgas en alto y la cabeza baja, en una posición que abría indecentemente su posterior y revelaba todos sus tesoros. No pude impedirme colocar un beso sobre la roseta de color de humo de su ano. Tembló. Y tomé el paddle. Azoté y azoté sus nalgas tensas, hasta que pidió perdón, y se encuentro boca abajo sobre la cama, gimiendo, la respiración entrecortada. Retomé algunas fotografías. Y luego durante mucho tiempo y muy tiernamente le hice un masaje en  las nalgas con su producto para las quemaduras de sol…

 Texto escrito por Karen

  

Nos quedamos dormidos..
Fue como un sueño despertar en los brazos de Waldo. Como el mismo sueño que tengo todas las mañanas cuando despierto, cuando le busco y no está..
Pero estaba, esta vez estaba..
El calor de su cuerpo desnudo pegado mi espalda... Qué maravillosa sensación despertar en los brazos del ser que amas!!
Me apreté contra él y puse mis nalgas en su vientre.
Le acaricié.. Y me sorprendió que saltara de la cama con aire severo, riñéndome.
Waldo se zafaba de mis caricias, porque si se dejaba llevar, no habría castigo.
Me castigó a estar desnuda.
Pidió que nos subieran el desayuno a la habitación y desnuda me lo tuve que tomar.
Sin tiempo ni de digerir el desayuno me hizo ir a buscar a su maleta el martinet.
Junto al martinet estaba el paddle que Xesc me había fabricado, y a su lado, un nuevo instrumento del que Waldo no me había hablado y que yo no conocía.. Una vara de ratán.
Sentí la mirada penetrante de Waldo vigilando mis actos, mis expresiones.. Estaba disfrutando con mi confusión.
Me hizo tumbarme en la cama, en donde había puesto todos los almohadones que había encontrado, y mientras me reñía empezó a azotarme con el martinet. Era Waldo quien llevaba la cuenta de los azotes.
Después de dos meses, la primera azotaina es siempre terrible!!
Pero lo peor no fue eso. Lo peor fue que me dijo que me haría salir a la calle con el uniforme de colegiala.. !Con el frío que hacía!
Entramos en una cafetería, y Waldo me dijo que tenía que levantarme la falda para sentarme.
El mundo se me cayó encima.. !Todo el mundo me vería!!
Le dije que no, y en venganza me llevó a los aseos, que estaban abajo, y allí en el pasillo, me hizo quitarme las bragas y me azotó.
!Qué vergüenza!!
Y  para colmo, en un rincón de aquél pasillo, me hizo fotos.
Estábamos expuestos a que nos viera cualquiera que entrara o saliera de los aseos.
Aquél pasillo era el paso obligatorio de los aseos al salón. Y estaba transitado.
Creí que Waldo se había vuelto loco, pero no pude menos que obedecer.
Waldo hablaba en serio, y cualquiera discutía!!
Seguimos paseando por París. Me sentía incómoda sin bragas.
No es la primera vez, ni la segunda que salgo sin bragas a la calle. Pero hacía un frío horroroso y las nalgas y lo que no son las nalgas, se me estaban quedando congeladas!!
Waldo me otorgó volver a ponerme las bragas, a cambio de una azotaina con la nueva vara.
Cuando llegamos al hotel, prosiguió el castigo. Esta vez con el paddle de Xesc...
Waldo azotaba y fotografiaba, y mis nervios iban en aumento..El miedo a que nos oyeran, lo poco que me gusta que me hagan fotos en esa posición...
Al final, el castigo paró, y Waldo dejó de ser el terrible Waldo, para convertirse, como la noche anterior, en el amante más tierno, más dulce, más apasionado que mortal alguna haya podido soñar........
 Karen
 
 


 
 
Texto escrito por Waldo  
 
                                                DOMINGO
 
 
El domingo no fue fértil en fuertes emociones. A la 10h, abríamos un ojo. Karen tomaba su  avión al  final de la  tarde y era necesario tener en cuenta el trayecto hasta Roissy. Al mediodía, uno de mis viejos amigos nos invitaba a comer.Nos faltó tiempo. Teníamos apenas  dos horas , y la única cosa que podíamos hacer era demostrarnos nuestra pasión , y lo hicimos… Excepto algunas pequeñas nalgadas enamoradas para  reír, el momento sólo fue para la ternura, y es maravilloso también, ¿verdad? …  ¡Pero de eso no os diré nada, ya dije mucho! …
 
Lamenté y lo lamento aún, pero la vara quedará para nuestro próximo encuentro, pronto espero, sobre la tierra de España…
 
Waldo

 

       

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